Pixel Tours
Pixel se inscribe en el corazón del barrio de Deux-Lions en Tours. En lugar de añadir un objeto más a la ciudad, el proyecto fabrica un lugar capaz de generar vida, un imán urbano que mezcla viviendas, comercios, guardería, equipamientos deportivos y lúdicos.
En Tours, el barrio de Deux-Lions constituye un territorio en plena recomposición, portador de una ambición metropolitana aún en proceso de afirmación. Hemos abordado este contexto no como un espacio a rellenar, sino como una oportunidad de producir una centralidad ausente, un lugar capaz de generar una intensidad urbana allí donde aún subsistían vacíos programáticos. Pixel no se inscribe en una lógica de objeto arquitectónico autónomo, sino en la de un dispositivo activo, un imán urbano que asume plenamente su función de catalizador social y espacial.
La superficie del proyecto es vasta, pero esta escala no nos ha llevado a producir una masa compacta. Al contrario, hemos buscado fragmentar el volumen, excavarlo, introducir brechas, patios, pasajes a diferentes altitudes. Esta estrategia de porosidad urbana permite mantener una continuidad entre el espacio público y el interior del proyecto, multiplicar los umbrales, romper la escala conservando al mismo tiempo una densidad coherente. Los recorridos no atraviesan simplemente el sitio, lo estructuran, creando una diversidad de ambientes y usos superpuestos. Es una manera de rechazar la torre aislada o la barra hermética, para proponer un tejido habitado, poroso y relacional.
El programa mezcla viviendas, oficinas, comercios, una guardería, así como un polo de equipamientos deportivos y lúdicos que incluye patinaje, bolos y espacios de juego. Esta mixticidad no es simplemente funcional, es espacial y temporal. El zócalo acoge los comercios y equipamientos, formando una base activa anclada en la cotidianidad del barrio. Es allí donde se produce el encuentro con la calle, donde se activan los flujos, donde se instala una vida de proximidad. Por encima, las viviendas y la residencia para personas mayores componen un estrato residencial que se beneficia de esta animación sin sufrir sus molestias. Esta cohabitación generacional está asumida, forma parte del proyecto social que porta Pixel.
El segundo edificio, dedicado al ocio, actúa como un atractor metropolitano. Transforma el proyecto en destino, más allá del simple lugar de habitación. Al integrar programas raros a esta escala (pista de patinaje, bolos), buscamos crear una atractividad que desborda el perímetro inmediato, que participa en la construcción de una polaridad para el conjunto de la metrópoli de Tours. Este edificio dialoga con el primero por contraste, asumiendo una identidad más franca, más lúdica, permaneciendo al mismo tiempo coherente en el tratamiento de los espacios públicos y las materialidades.
Las viviendas mismas no están pensadas como células cerradas. Hemos multiplicado las terrazas, las prolongaciones exteriores, los espacios intermedios. Cada apartamento se beneficia de una relación directa con la luz, la vista, el cielo. Estos umbrales entre dentro y fuera son esenciales: fabrican un marco de vida cualitativo, donde la intimidad coexiste con la apertura, donde el habitante puede elegir su grado de exposición o de retiro. La multiplicación de umbrales es una respuesta a la densidad: permite habitar compacto sin sufrir la promiscuidad, beneficiarse de la proximidad sin sacrificar la intimidad.
La materialidad juega un papel estructurante en esta ambición. Hemos elegido la madera para las viviendas, una materia que aporta calidez, ligereza visual y rendimiento ambiental. Esta elección no es cosmética, responde a una voluntad de producir una densidad habitable, en oposición a los modelos masivos y minerales que dominan aún con demasiada frecuencia las operaciones de esta escala. La madera permite también una puesta en obra más rápida, más limpia, más compatible con una lógica de obra sobria y controlada. Inscribe el proyecto en una temporalidad duradera, afirmando que densidad y ecología no son contradictorias. Las fachadas de madera componen un ritmo, una vibración, que contrasta con la mineralidad del zócalo. Esta estratificación material traduce la jerarquía programática unificando al mismo tiempo el conjunto en una coherencia global.
Los espacios públicos no son residuales. Están pensados como una infraestructura social abierta, soporte de las interacciones, los encuentros, las circulaciones. Plazas, patios, recorridos forman una red que conecta el proyecto con su entorno inmediato, que permite atravesar tanto como detenerse. Hemos buscado evitar el escollo de la manzana cerrada, de la residencia replegada sobre sí misma. Pixel se abre, se conecta, dialoga con el barrio de Deux-Lions y con la ciudad más allá. Esta permeabilidad es una condición de la apropiación colectiva del proyecto.
Lo vegetal acompaña esta lógica de porosidad. No se trata de un simple decorado, sino de un componente estructurante del dispositivo espacial. Los patios acogen plantaciones y estratos vegetales que aportan frescura, biodiversidad, filtro visual. Las terrazas están concebidas como jardines suspendidos, prolongaciones habitables de las viviendas. Esta presencia vegetal participa en la construcción de un oasis urbano, un espacio protegido de los flujos viales permaneciendo al mismo tiempo plenamente conectado a la ciudad.
Pixel supera así el marco de una operación inmobiliaria clásica. Porta una ambición urbana, social y ambiental. Se afirma como un lugar de vida y de destino, capaz de atraer habitantes, usuarios, visitantes. A largo plazo, deseamos que se convierta en una nueva centralidad para el barrio de Deux-Lions, un imán capaz de generar actividad, empleo, encuentro, intercambio. Es esta capacidad de producir lo común lo que justifica su densidad, su mixticidad, su complejidad programática. Pixel no se contenta con ocupar un sitio, fabrica un territorio habitado.
La superficie del proyecto es vasta, pero esta escala no nos ha llevado a producir una masa compacta. Al contrario, hemos buscado fragmentar el volumen, excavarlo, introducir brechas, patios, pasajes a diferentes altitudes. Esta estrategia de porosidad urbana permite mantener una continuidad entre el espacio público y el interior del proyecto, multiplicar los umbrales, romper la escala conservando al mismo tiempo una densidad coherente. Los recorridos no atraviesan simplemente el sitio, lo estructuran, creando una diversidad de ambientes y usos superpuestos. Es una manera de rechazar la torre aislada o la barra hermética, para proponer un tejido habitado, poroso y relacional.
El programa mezcla viviendas, oficinas, comercios, una guardería, así como un polo de equipamientos deportivos y lúdicos que incluye patinaje, bolos y espacios de juego. Esta mixticidad no es simplemente funcional, es espacial y temporal. El zócalo acoge los comercios y equipamientos, formando una base activa anclada en la cotidianidad del barrio. Es allí donde se produce el encuentro con la calle, donde se activan los flujos, donde se instala una vida de proximidad. Por encima, las viviendas y la residencia para personas mayores componen un estrato residencial que se beneficia de esta animación sin sufrir sus molestias. Esta cohabitación generacional está asumida, forma parte del proyecto social que porta Pixel.
El segundo edificio, dedicado al ocio, actúa como un atractor metropolitano. Transforma el proyecto en destino, más allá del simple lugar de habitación. Al integrar programas raros a esta escala (pista de patinaje, bolos), buscamos crear una atractividad que desborda el perímetro inmediato, que participa en la construcción de una polaridad para el conjunto de la metrópoli de Tours. Este edificio dialoga con el primero por contraste, asumiendo una identidad más franca, más lúdica, permaneciendo al mismo tiempo coherente en el tratamiento de los espacios públicos y las materialidades.
Las viviendas mismas no están pensadas como células cerradas. Hemos multiplicado las terrazas, las prolongaciones exteriores, los espacios intermedios. Cada apartamento se beneficia de una relación directa con la luz, la vista, el cielo. Estos umbrales entre dentro y fuera son esenciales: fabrican un marco de vida cualitativo, donde la intimidad coexiste con la apertura, donde el habitante puede elegir su grado de exposición o de retiro. La multiplicación de umbrales es una respuesta a la densidad: permite habitar compacto sin sufrir la promiscuidad, beneficiarse de la proximidad sin sacrificar la intimidad.
La materialidad juega un papel estructurante en esta ambición. Hemos elegido la madera para las viviendas, una materia que aporta calidez, ligereza visual y rendimiento ambiental. Esta elección no es cosmética, responde a una voluntad de producir una densidad habitable, en oposición a los modelos masivos y minerales que dominan aún con demasiada frecuencia las operaciones de esta escala. La madera permite también una puesta en obra más rápida, más limpia, más compatible con una lógica de obra sobria y controlada. Inscribe el proyecto en una temporalidad duradera, afirmando que densidad y ecología no son contradictorias. Las fachadas de madera componen un ritmo, una vibración, que contrasta con la mineralidad del zócalo. Esta estratificación material traduce la jerarquía programática unificando al mismo tiempo el conjunto en una coherencia global.
Los espacios públicos no son residuales. Están pensados como una infraestructura social abierta, soporte de las interacciones, los encuentros, las circulaciones. Plazas, patios, recorridos forman una red que conecta el proyecto con su entorno inmediato, que permite atravesar tanto como detenerse. Hemos buscado evitar el escollo de la manzana cerrada, de la residencia replegada sobre sí misma. Pixel se abre, se conecta, dialoga con el barrio de Deux-Lions y con la ciudad más allá. Esta permeabilidad es una condición de la apropiación colectiva del proyecto.
Lo vegetal acompaña esta lógica de porosidad. No se trata de un simple decorado, sino de un componente estructurante del dispositivo espacial. Los patios acogen plantaciones y estratos vegetales que aportan frescura, biodiversidad, filtro visual. Las terrazas están concebidas como jardines suspendidos, prolongaciones habitables de las viviendas. Esta presencia vegetal participa en la construcción de un oasis urbano, un espacio protegido de los flujos viales permaneciendo al mismo tiempo plenamente conectado a la ciudad.
Pixel supera así el marco de una operación inmobiliaria clásica. Porta una ambición urbana, social y ambiental. Se afirma como un lugar de vida y de destino, capaz de atraer habitantes, usuarios, visitantes. A largo plazo, deseamos que se convierta en una nueva centralidad para el barrio de Deux-Lions, un imán capaz de generar actividad, empleo, encuentro, intercambio. Es esta capacidad de producir lo común lo que justifica su densidad, su mixticidad, su complejidad programática. Pixel no se contenta con ocupar un sitio, fabrica un territorio habitado.
- Lieu
- Tours, France
- Nature
- Mixte
- Budget
- NC
- Concours
- 2019
- MOA
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